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Región de Atacama, Chile - minería en Chañarcillo

San Roman: Minas y Geología Chañarcillo

Museo Virtual, Atacama
W. Griem, 2015, 2017

Francisco San Román (1894)
página 198 - 207

Personajes de Atacama

Gilliss, sector de Chañarcillo

Carta de Gilliss

El texto de Francisco San Román describe en forma detallada la geología de los depósitos de Chañarcillo.

- 1 -
La estratigrafía publicada por San Ramon corresponde a otros publicaciones. Por ejemplo el perfil dibujado por un autor anónimo en 1907 muestra más o menos la misma secuencia.

 - 2 -
San Ramon continua en su texto (aquí no publicado) con un modelo genético del depósito de Chañarcillo. Él apunta a la acción de aguas en medio de las rocas y prefiere una formación por precipitación de agua con metales en solución.

- 3 -
San Roman usa palabras medio inglés o latin:
"Dike" para dique,
"Estrata" para estratos

Perfil de Chañarcillo y estratigrafía

Perfil y plano de Chañarcillo - 1907

Los textos originales fueron digitalizados, transformados a ASCII redactados  por Dr. Wolfgang Griem.

Bibliografía
Minería en retratos históricos

 Literatura: Chañarcillo


Extractos del libro "Reseña Industrial e Histórica de la Minería i Metalurgjia de Chile" de Francisco San Roman del año 1894. Una descripción de la geología y minería del distrito de Chañarcillo.

Chañarcillo:

Presentóse a los primeros mineros el descubrimiento de «Juan Godoi» como una promesa que no se limitaba al solo filón de plata nativa i cloruros de plata de la «Descubridora», porque el ojo de las empíricas reglas de su experiencia, estas primeras manifestaciones no correspondían al centro o núcleo de la formación donde las teorías del descanso del cerro i de los manteos a cuerpo hacían sospechar la masa de las acumulaciones de mineral.

La veta «Descubridora», en el punto del afortunado hallazgo, corría por el fondo de una quebrada que nacía a corta distancia hacia la altura culminante del cerro, circunstancia que indujo al sagaz criterio de su principal propietario, D. Miguel Gallo, a pedir la corrida de su pertenencia en aquella dirección, buscando el macizo de la cumbre donde se ostentaba la «materia» en todo su desarrollo, al paso que, en el sentido opuesto, se adelgazaba ésta, se caldeaban o metamorfoseaban las estratas i aparecía desnudo el panizo de las rocas eruptivas fundamentales.

Pronto se descubrió que la corona o casquete de la cumbre donde se formaron las pertenencias del Manto de los Bolados, del Manto de Ossa, de Cobos i Mandiola, formada de rocas fragmentarias calizas, cuyas grietas i hendeduras estaban tapizadas de placas i dendritas de plata, rebanaba los crestones de las vetas, i oprimiéndolas, producía derrames de metal que se extendía en capas, rellenaba los huecos i se estrellaba en torrentes, como el agua en movimiento, contra los diques i paredes que se oponían a su libre curso.

Allí se formaron cavernas i se dejaban pilares i arquerías que sostenían! a mole yacente sobre el cielo de aquel templo de la plata, i se horadaba en los suelos para buscar las chimeneas conductoras de aquellas condensaciones de riquezas que un resbalamiento del terreno había arrojado a lo lejos dislocándolas en el plano de su primitiva continuidad.

Desde allí mismo descendía en pendiente más rápida que la de los planos de estratificación de la montaña, el curso de un cordón prolongado al SO. i en cuya dirección corría también un magnífico filón de plata.
Aquí fue llamada por los mineros la Vela de la corrida, para distinguirlo del de la Descubridora, que yacía en el fondo de la quebrada por el oriente, con su cortejo de guías paralelas i del de la «Loreto» i guías de «Carvallo» que abrían más abajo por el flanco opuesto, interceptadas todas ellas por la chimenea trasversal comunicante que llevó el nombre de «Candelaria», i que más bien fue puente de plata echado sobre aquellas corrientes de cloruros i filigrana.
La extensión lonjitudinal comprendida desde la cumbre, siguiendo la pendiente del dorso hacia el SO. i con él la veta de la corrida hasta su intersección con el terreno de acarreo en la base del cerro por donde está ubicada la pertenencia «San Blas», mide unos 2 kilómetros, i toda la zona mineral correspondiente a esa extensión está como emparedada entre dos poderosos chorros o dikes, que interceptan el paso a las corrientes de metal i dislocan 1os filones arrojándolos estériles a la distancia en el sentido de la pendiente.

El Chorro del Bolaco i el Chorro de San Blas han constituido así, con desengaño de la sagaz i porfiada investigación de los mineros que esperaban encontrar la continuidad de la riqueza más allá de uno i otro dike, los límites fatales de la opulencia de Chañarcillo. Otros chorros o dikes intermedios, mui pocos en número, producen fallas en las vetas i hundimientos en las estratas haciéndolas resbalar sobre sus planos del yaciente, pero una serie de cruceros, más o menos metalizados en sí mismos o rellenos de las gangas o materias favorables i que ordinariamente acompañan a las especies de plata, como el carbonato de calcio i el sulfato de bario, interceptan su curso, sin producir dislocación alguna en su continuidad. Las influencias de estos accidentes de1 terreno sobre la distribución i abundancia de la riqueza, no han dado, en realidad, base para asentar teorías ni determinar hechos jenerales. Los cruceros que cortan las vetas en dirección oblicua i con bastante manteo o inclinación, resultaron jeneralmente los que mayor condensación de riqueza producían en los cruzamientos, pero más a menudo eran ramificaciones desprendidas del cuerpo principal, entrelazándose entre sí i con veneros subordinados al principal, lo que producía las más ricas aglomeraciones de la plata. No ha de confundirse esto con la división de una veta en dos o más ramos, en cuyos casos lo más jeneral es el empobrecimiento de todos ellos.

Los dos notables dikes de la mina «Colorada», que entran también a la «Candelaria» i cruzan sus respectivas vetas según sus ángulos más o menos iguales producían en esta última grandes dilataciones hacia la parte del pendiente, mientras que en la primera pasaban sin ejercer influencia alguna de importancia.

De mucha importancia práctica i de alto interés científico resultan estos hechos relacionándolos con las influencias debidas a la composición mineralójica i extructura de las rocas.

El cerro en que se contienen tan interesantes criaderos arjentífreos consta desde su alta cumbre en el Manto de Ossa fasta sus labores más profundas en el Delirio i la Constancia, por el extremo opuesto, de siete zonas o capas de terreno que alternativamente se suceden en las de composición calcárea en número de cuatro con las de oríjea eruptivo en número tres, a saber:

1ª) Panizo cálido: primera zona de riqueza, con potencia de 90 metros.
2ª) Panizo verde: primer broceo, con potencia de 100 metros.
3ª) Panizo cenizo i negro: segunda zona de riqueza, 25 id., id.
4ª) Panizo ahuesado: segundo broceo (pero que contiene en su parte media, más o menos, los mantos ricos llamados de la Bocona) 100.
5ª) Gran panizo Pintador: tercera zona de riqueza, 150.
6ª) Panizo verde: tercer broceo, 75.
7ª) Panizo pintador de planes: cuarta zona de riqueza, 150.


No se ha alcanzado aún a descubrir el grueso de esta última zona porque allí fueron suspendidos los trabajos de exploración en profundidad que se seguían en los planes de la mina Delirio.

La primera zona o panizo cálido de los mineros baja desde lo alto del cerro, como queda ya explicado, i ha sufrido probablemente grandes efectos de denudación que arrastraron, junto con el terreno encajante, las cabezas o crestones de las vetas, dejando como testigos de esa época los pequeños montículos de San José i «Dolores 1» aislados en toda la circunferencia de sus bases i mostrando la sucesión de discos de la manteria calcárea apilados en forma de domos más o menos redondeados. Al pie de éstos, bajando rápidamente el terreno, asoma por debajo de la estratificación del panizo extendiéndose al sur desde la Dolores 1 hasta la Delirio i Constancia el panizo verde estéril, señalada la línea del contacto de ambas formaciones, como lo observa Pissis, por los signos de metamorfismo que han trasformado las calizas en granates i las arcillas en jaspes.

Las minas de la parte inferior del cerro no tuvieron, por lo tanto, el panizo cálido de las grandes riquezas del descubrimiento, i debieron entrar, por lo tanto, los poseedores de aquella. rejion austral del asiento minero con la fe del porvenir i las reglas del minero, a buscar una nueva zona de estratificación calcárea debajo de la roca introductiva que ya no miraban como un término fatal de la riqueza sino como un accidente transitorio.

La fe tuvo pronto su recompensa i el hecho jeolójico i minero verificóse en la espléndida realidad del feliz éxito alcanzado en todas las minas de la corrida, de arriba a abajo, unas en pos de otras, o casi simultáneamente todas ellas.

I en efecto, debajo del grueso espesor de la roca estéril, atravesada lenta i penosamente en aquellos tiempos del barreno de hierro a mano i la estraccion en capachos a lomo de hombres, yacían dos capas de caliza gris i negra, rigorosamente paralelas i regulares, con sus once metros de potencia cada una, ahuecadas en ambas paredes del filón para contener abundante masa de mineral, conductoras del calórico para producir allí su más densa condensación por el mas rápido enfriamiento, i agrietadas i porosas para impregnarse de él, sustrayéndolo a su escape i estéril difusión en mayor espacio.

Así fueron los mantos cenizo i negro de donde no solamente resultaron las masas de plata nativa en sus variedades más bellas, el rosicler con sus reflejos de rubíes i el plomo ronco en sus más hermosas agrupaciones de cristales, sino que en ellos quedaron para más tarde, como en fondo de reserva, aquellos restos del mineral de composición compleja i en forma de distribución que no pudo ser sino irregular en la falta de espacio libre para su condensación i que por largo tiempo sostuvo el fructífero pallaqueo de la peca azul.

Nueva ocasión de constancia, de fe i de sagacidad de observación presentóse a los mineros chañarcillanos otra vez, al sobrevenir la cuarta rejion jeolójica i segundo período de broceo durante el llamado panizo ahuesado, nombre debido al color blanco i aspecto compacto, liso i como de hueso o porcelana, con que se les presentó la roca siguiente al panizo negro: roca silicatada, probablemente metamórfica o quizá también de naturaleza traquitica.

De larga espectativa fue también esta nueva transición del broceo al beneficio, i si la atenta i estudiosa observación del minero, estimulada por la aparición fugaz pero brillante del llamado manto de la Bocona, que como guía de luz i aliento presentóse a medio camino del estéril i oscuro desierto subterráneo, no lo hubiese ya puesto en familiar i razonado conocimiento de la estructura interior de la montaña, aquella prolongada era de esterilidad habría sido razón de sobra para desmayar i desesperar.

Acabó ésta por fin i volvieron las rocas calcáreas por tercera vez, en sucesión más constante, más poderosa i mas opulenta que nunca, continuándose en ciento cincuenta metros de profundidad la serie de jenerosos depósitos repletos de sulfuros, arseniuros i antimoniuros de plata, es decir, la rejion fría en toda la plenitud de su potencia i riqueza hasta los cuatrocientos i mas metros de profundidad.
Pasada a tal hondura esta tercera zona de la fortuna, sucedióse también la tercera de broceo, en rocas verdes nuevamente, i por unos ochenta metros de grueso, volviendo por cuarta vez el siempre anhelado horizonte de las estratificaciones calcáreas.
Allí, a los quinientos metros de profundidad no habían penetrado sino las minas de abajo, que por tener menos macizo de cerro perforado en las rejiones superiores, estaban en situación más favorable para continuar a mayores profundidades.
El pique divisorio entre la «Constancia» i el «Delirio», que simbolizaba en su doble título la virtud de la perseverancia recompensada i las ilusiones de 1a esperanza realizada, se encargó de explorar el terreno i resolver el problema de la continuidad de la riqueza en aquella nueva zona de promesas para el porvenir.
Las primeras manifestaciones de mineral encontradas al acaso por la línea del pique, no fueron en cantidad bastante para costear los gastos del trabajo crecientes a medida del aumento en profundidad, ni mucho menos pudieron costear labores de reconocimiento para buscar las verticales conocidas o los planos de prolongación de los cruceros de arriba i demás signos conducentes a la persecución de la riqueza en sus modos de distribución ya conocidos o razonadamente averiguados por la experiencia.

 

Mina Constancia en Chañarcillo, Región de Atacama, Chile
Mina Constancia en Chañarcillo, Región de Atacama, Chile (W.Griem, 2014)

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Literatura:
• San Román, Francisco (1894):
Reseña Industrial e Histórica de la Minería i Metalurgjia de Chile. - Santiago de Chile, Imprenta Nacional, Moneda 73; 501 páginas. (Colección W. Griem)

• GILLISS
, J.M. (1855): The U.S. Naval Astonomical Expedition to the southern Hemisfere, during the years 1849-50-51-52. - Volume 1 (Chile); Washington A.O.P. Nicholson Printer. (Colección W. Griem)

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© Dr. Wolfgang Griem, Chile
Publicado: 29.6.2005, actualizado: 24.2.2015, 22.2.2017
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