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Región de Coquimbo, Chile: Registros históricos

Texto Domeyko (1903): Valle del Elqui

Museo Virtual, Chile
W. Griem, 2018
Elqui - pic 300

 Literatura: Domeyko

español / deutsch / english

Texto Domeyko: Valle del Elqui
Página 111 - 122

IV   Noticia sobre un terreno estratificado situado en la alta cordillera y sobre los filones metalíferos pe lo acompañan (1844)    

El valle de Elqui es uno de los valles principales de la provincia de Coquimbo; corta a la cadena de los Andes en la dirección ENE y desemboca en la bahía de Coquimbo; se reúne a otros dos valles longitudinales, de los cuales el de Diaguito corre en la dirección NNE y el otro más ancho y que tiene cerca de diez leguas de largo, se dirige al sur. En la unión de estos tres valles y en los contornos de la bahía se halla una cuenca terciaria con mantos horizontales y allí es donde se encuentra esos valles dobles y triples observados por el capitán Hall (Lyell's Principl. of Geol. T.) que se notan en todos los valles trasversales de Chile y que, no se encuentran o son apenas perceptibles en los valles longitudinales: Consecuencia evidente del origen que se les ha asignado.

Partiendo de la costa para remontar el valle de Elqui, se ven primero rocas granitoideas, y una hermosa sierrita con feldespato rosado, anfíbol verde que salen al sol en la propia entrada de la bahía de Coquimbo.

Luego estos granitos pasan a las dioritas y después a los pórfidos verdes que encajonan el valle hasta una distancia de más de diez leguas del mar donde este valle empieza a estrecharse y vuelve primero al NE y después al ENE.

En esta primera angostura se ven cerca de Puclaro escarpes cortados a pico compuestos de estratos muy onduladas conteniendo alguno yeso y rocas feldespáticas compactas y homogéneas; a dos leguas de distancia el valle se ensancha de nuevo, los cerros se redondean, cambian de aspecto y de color; pero todavía se los encuentra compuestos de rocas dioríticas análogas a las que tocan a los granitos de la costa. Aquí están situados el hermoso pueblo de Tambo, la ciudad de Elqui, San Isidro y la Diaguita con sus viñas y enormes higueras, sus jardines y sus prados artificiales, todo esto denuncia cierta holgura y un estado floreciente de la sociedad, pero nada de nuevo presenta al geólogo. Cuatro leguas más adelante, el valle se estrecha de nuevo, y pronto se llega al lugar donde el río Claro, un torrente de agua clara y limpia, se reúne al río Turbio de aguas blanquecinas para formar el río Elqui. En la unión de estos torrentes y en el fondo de un valle triangular se agrupa un hermoso plantío de árboles frutales que sombrean la hacienda de Rivadavia, en medio de rocas desnudas y áridas que por todos lados se levantan casi a pico. Aquí, pues, el valle de Elqui bifurca en otros dos, de los cuales el del río Turbio se dirige al SE y el otro se prolonga hacia NNE. Una masa de cerros que los separa hace reaparecer debajo de las rocas más raras y variadas un terreno de estratificación fosilífera, un verdadero horizonte geológico que me propongo describir.

Este terreno corresponde por su dirección al de la cadena principal de los Andes; se desvía poco del meridiano y corta el cerro que separa los dos valles a media legua de su punto de reunión. En seguida se halla interrumpido por esos mismos valles y reaparece aunque completamente modificado en sus caracteres geológicos y mineralógicos, en la orilla derecha del río Claro, y por el otro lado, al norte del valle del río Turbio (Nota 1). Empezaremos por describir:  

1. La parte principal comprendida entre los dos valles. (Cerro de las Tres Cruces.  Véase  Lám IV.)  

2. Pasaremos en seguida al otro lado del río Claro para examinar la parte sur del sistema (B) fig. 2.  

3. Seguiremos el mismo terreno en su prolongación más allá del río Turbio (E) fig. 3.  



4.1 Parte del medio. Cerro de las Tres Cruces

El cerro que contiene este terreno se llama cerro de las Tres Cruces. En él se ven los mantos fuertemente enderezados, formando un ángulo de 40° a 50° con el horizonte; todo el sistema se apoya contra cerros graníticos al este, y sale debajo de los pórfidos. He aquí la sucesión de mantos que se nota Fig. 1, Lam. IV.

Perfil de Elqui: Domeyko, 1844





a) Un terreno movedizo compuesto de desmontes y bloques graníticos, oculta el contacto del terreno estratificado con el granito.  

b) Los primeros mantos que salen al sol se componen de greda rojiza, conteniendo-guijarros de cuarzo lechoso semejantes a los guijarros de greda de los Vosgos y los granos mismos presentan a veces un aspecto semi-cristalino. Los guijarros se hallan dispuestos por capas paralelas a los planos de estratificación.  

c) Encima reposa una greda blanca más o menos calcárea, con guijarros de cuarzo dispuestos de la misma manera que en la greda precedente.  
d) Viene en seguida un banco con conchas de una caliza gris compacta. Solo se encuentran en ella conchas de la familia de los pectenes, las dos valvas están reunidas, no fracturadas; las conchas dispuestas en familias y situadas en su posición natural. El sistema está interrumpido por un manto de arena proveniente de la desagregación de la greda.  

e) A unos treinta pies debajo del primer banco con conchas se vuelve a encontrar un manto de cerca de 2 metros de espesor de la misma greda que (c). En ella se ve aun los mismos guijarros de cuarzo dispuestos por capas.  

f) Esta greda pasa a la caliza blanca arenosa que no contiene restos orgánicos.  

g) Sobre esta caliza reposa otro manto calizo de cerca de un metro de espesor enteramente compuesto de conchas. La especie más abundante es aun la misma que la de los pectenes del manto (d); y además se encuentran en ella otras siete u ocho especies de bivalvas (terebrátulas? trigonias? grifitas?) y ammonitas (Nota 2).  

h) Inmediatamente encima de este banco con conchas empieza una serie de estratos rojas ya compactas, esquistoideas, que hacen un poco de efervescencia con los ácidos, ya arenáceas conteniendo los mismos guijarros, y en gran cantidad, cuarzo lechoso, como las gredas y calizas arenosas de los mantos inferiores.  


A medida que estos guijarros desaparecen, la estructura de las rocas se hace más y más cristalina; se ven aparecer partes feldespáticas, y luego se llega a los pórfidos verdes con feldespato blanco, como son la mayor parte de los pórfidos del valle de Elqui.

En el contacto de este pórfido con el terreno de sedimento que acabo de describir se ve un filón metalífero que solo tiene un pie de ancho y sube casi verticalmente por el cerro, atravesando el pórfido sin prolongarse en los estratos del terreno estratificado. Este filón contiene una gran variedad de minerales y particularmente protóxido de cobre mezclado con óxido de fierro, (Ziegelerz) hidrato de fierro, carbonatos y silicatos de cobre y calamina; la ganga contiene mucho espato calizo.



II
4.2 Terreno situado al otro lado del valle del río Claro  
(B):


Pasemos ahora al examen del que corresponde al mismo terreno al otro lado del valle de Río Claro.

Aquí los mantos y los estratos se encuentran más accidentados y desgarrados a causa del gran número de filones y vetas metalíferas que los acompañan. Para abarcar el conjunto del terreno y las partes correspondientes, es menester remontar el valle hasta Paiguano, y echar una mirada sobre el cerro de las Tres Cruces y los cerros situados al frente, al otro lado del valle. Se verá por un lado los afloramientos del terreno que acabo de describir, y que bajan desde casi la cima del cerro hasta el valle; y por el otro lado rocas blanquizcas en forma de mantos y estratos desgarradas e interrumpidas, remontando a altura considerable y afloran en una corrida de escarpes que se dirigen al sur a lo largo de la quebrada muy profunda de Paiguano.
(P. IV, fig. 2).

Figura 2: Geología valle Elqui, Domeyko, 1844




La parte estratificada del terreno se compone de mantos de greda blanca y de diferentes bancos porfiroídeos, separados por otros calcáreos o cuarzosos y por rocas análogas a los estratos rojos del corte precedente. Se notan en ella todavía loa mismos guijarros de cuarzo implantados en una masa cuarzosa, como si la misma greda que se ve desagregarse con facilidad en el contacto de los bancos con conchas hubieren experimentado en este lugar un principio de fusión por el contacto de los filones que la atraviesan. Los lugareños me han asegurado que siguiendo los mismos escarpes al sur, se encuentra en un cerro muy elevado las mismas conchas que las de Tres Cruces y me han traído algunos fragmentos caídos de lo alto de un escarpe inaccesible. El conjunto del terreno reposa sobre rocas cuarzosas casi compactas, que pasan a los pórfidos cuarcíferos y se halla recubierto por pórfidos verdes como en el caso precedente.


4.2.1 Mina de cobre de las Aujillas:

Aquí se ve un filón de cobre (la mina de las Aujillas), que atraviesa todo el terreno de estratificación y aflora a lo largo del escarpe mismo en una extensión de 500 a 600 pies. Es casi vertical, con un ligero manteo hacia el SW y, por consiguiente, corre muy cerca de la superficie de los esa carpes mismos. Es una especie de chimenea, cuyo ancho no pasa de un pie y que rara vez baja a más de doce de profundidad debajo del afloramiento. Se cierra más abajo, dejando una salbanda cuarzosa y disminuye de dimensiones a medida que se eleva y se aleja del valle, acercándose al lugar donde me habían señalado las rocas calcáreas. Las partes metalíferas se encuentran en la parte baja de la veta por el lado del valle: allí se encuentran óxidos, carbonatos y silicatos de cobre, hidrato de fierro y partes piritosas, mientras que en la parte alta donde la veta se acerca a las calizas se nota en abundancia granates, epidota, anfíbol, cuarzo prismático, espato calizo, etc. Las rocas que tocan a la cabeza de la veta han tomado por todas partes una estructura más o menos porfiroídea, mientras que las del lado del piso son en general más homogéneas, compactas, y se parecen a las rocas cuarzosas de la parte baja del terreno. Independientemente de la veta que acabo de describir, se ve otra parecida, pero de poca extensión, en los estratos de cuarzo a un centenar de pies debajo de la primera, y además se acaba de descubrir varias vetas de cobre en los pórfidos que recubren este terreno, en la cumbre del cerro.  



4.2.2 Mina de plomo platos o de Paiguano:

Para examinar en seguida el contacto de este terreno con el granito, si se baja por el lado donde se hallan dichos escarpes yendo al este, se ve primero en el fondo de la quebrada de Paiguano, un pórfido cuarzoso atravesado por un filón de plomo argentífero. Este filón es vertical y corre más o menos de norte a sur; tiene cerca de 2 pies de ancho en su parte  inferior, y desciende a más de 150 pies debajo del afloramiento; pero disminuye de ancho y en hondura, a medida que se eleva  en el cerro. Su afloramiento se presenta en una longitud de más de 300 metros. La roca encajante es un pórfido de pasta compacta blanca y con granos de cuarzo vidrioso; la salbanda es blanca, homogénea, de fractura terrosa, áspera al tacto. El mineral varia de naturaleza y de calidad; el de la parte baja del filón contiene carbonato de plomo cerca del afloramiento y galeras argentíferos en el fondo, mientras que en la parte alta y en afloramientos situados cerca de la cumbre del cerro, el carbonato de plomo predomina y se mezcla con carbonato azul de cobre, espato calizo, hidrato de fierro, etc. (La cantidad de plata en el mineral carbonatado es 0,0005, y en los sulfuros, varia de 0,001 a 0,0015). Dejando ahora detrás esta mina y las rocas cuarzosas, si avanzamos más al este hacia la cordillera, el primer cerro que se nos presenta es de granito. Se nota en él una hermosa variedad de granito compuesto de feldespato rosado, cuarzo, mica y de otra especie de feldespato que se presenta en muchos granitos de la costa de Chile y que es verdoso. Aquí el granito está atravesado por filones cuarzosos y se ve en él una antigua mina abandonada. El mineral contiene probablemente cloruro de plata o plata nativa, lo beneficiaban, en efecto, por amalgamación, por el método ordinario del país, lo que nunca se hace con los minerales sulfurados plumíferos, de los cuales hasta el presente no se saca ninguna ventaja en el país. Algunas piedras extraídas de los desmontes de la mina me han dado una ley de 0,00095 y el mineral no contiene ni azufre ni arsénico, y no disminuía de ley por medio de una prolongada digestión en amoníaco.  



III
4.3. El mismo terreno más allá del río Turbio:


Volvemos a pasar ahora el cerro que separa los dos valles para ver como se presenta el terreno del cerro de las Tres Cruces en su prolongación por la parte norte. Efectivamente se encuentra allí todavía un terreno de estratificación bien pronunciado; los estratos son bastantes regulares, pero los caracteres de las rocas, su posición y su aspecto son enteramente distintos. Adjunto aquí un corte del terreno tomado a una legua de Rivadavia en la orilla derecha del río Turbio, cerca del lugar que se llama Malpaso de Varillas (Pl. IV fig. 3)    

Perfil de Domeyko- Valle Elqui


a y b) Son masas de pórfidos que forman un escarpe cortado a pico y que sostienen todo el sistema de estratificación.
El pórfido (a) es un hermoso pórfido amigdaloideo con núcleos cristalinos verdes (epidota) y pasta parda rojiza. El pórfido pasa a otro (b) compuesto de la misma pasta que el precedente con grandes cristales de feldespato  blanco y muchos  alargados cristalinos llenos de la misma sustancia que del pórfido (a).

c) El pórfido (b) entra y se ramifica en un manto calizo que forma aquí la base del terreno estratificado. La caliza es compacta, gris, de fractura esquillosa (contiene 0,002 de magnesia y 0,03 de arcilla inatacable por los ácidos).  El hermoso pórfido (b) forma especies de vetas y filones en medio de esa caliza.

d) Inmediatamente encima de la caliza empieza un terreno de más de doscientos pies de espesor enteramente compuesto de conglomerados rojos dispuestos en mantos y estratos que mantean al oeste bajo un ángulo de 35° a 40°. Se distinguen en él partes calizas y partes cuarzosas, guijarros y fragmentos de rocas compactas rojas, análogas a ciertos bancos del terreno (b) del corte de las Tres Cruces.

e) En fin esas gredas que se vuelven más y más feldespáticas pasan a los pórfidos que les recubren, y que presentan mucha variedad en sus caracteres mineralógicos. Se observa sobre todo un pórfido gris de cristales alargados, blancos, con papas de jaspe blanco listado.  

Aquí, como en el caso precedente, el terreno está acompañado de filones metalíferos cuyos yacimientos se relacionan sobre todo con los pórfidos que se extienden en los mantos de sedimentos y componen los cerros situados al oeste del río Turbio. En estos pórfidos es donde se hallan las minas de cobre de la quebrada de la Plata situada a 3 leguas al NW de Rivadavia y particularmente la mina de Layla. El pórfido encajante y los filones que lo atraviesan contienen muchas partes calizas; la roca está agrietada en todos sentidos y se desagrega muy fácilmente; el mineral se compone de óxidos, carbonatos y silicatos de cobre, mezclados con espato calizo y fierro hidratado. Un poco más al oeste cerca de Rivadavia se ve también en el mismo pórfido la mina del Cerro Alto que ha producido, fuera de minerales oxidados, un mineral muy bueno oxisulfurado (conteniendo más de 50 por ciento de cobre) de la clase de minerales que los mineros del país llaman metal acerado (doy la descripción de estos minerales en una memoria aparte). Es probable que sea todavía al mismo yacimiento al cual se deba relacionar las minas de cobre de Tirado, de Chaiai, etc, situadas más o menos en la misma dirección, y produciendo también minerales análogos (óxidos, carbonatos y silicatos).



Resumiendo lo que acabamos de decir sobre las diversas porciones del terreno estratificado se ve:  

1. Que el grupo de rocas que constituye este terreno se vuelve a levantar por debajo de las masas porfídicas y reposa sobre granitos del interior de la cordillera: se diría que su posición geológica se halla comprendida entre el sistema de solevantamiento central producido por los granitos y el sistema de grietas  laterales por las cuales han salido las masas porfídicas.  

2. Que las partes menos accidentadas de este terreno se hallan caracterizadas por ciertos fósiles (de la familia de los pectenes, de las amonitas, de las terebrátulas, etc.) por guijarros rodados y por bancos calizos arenáceos; el conjunto del terreno presenta todas las irregularidades posibles, fallas y desgarraduras que resultan de esta misma posición entre dos sistemas de dislocación.  

3. Que en el contacto de dicho terreno con las masas cristalinas, aparecen filones metalíferos; que esos filones suben ordinariamente en los lugares más accidentados, y que las mismas rocas de sedimento, habiendo debido experimentar grandes modificaciones por la acción de las materias ígneas que las han dislocado, se encuentran en medio de ese terreno mantos metamórficos cuyo reconocimiento podría servir para conocer el mismo terreno en otros lugares donde a consecuencia de revoluciones repetidas todo este terreno está enteramente cambiado y trastornado en sus elementos.  

Habiendo concebido así una idea general del terreno de sedimento que aflora más o menos a medio camino de la costa a la línea de las cumbres de la cordillera, remonté todavía por el valle del río Claro hasta 8 leguas más adentro, más allá de Monte Grande, y examiné de nuevo las rocas del valle de Elqui volviendo a Coquimbo. En la primera parte de esta excursión, es decir, alejándome de dicho terreno para dirigirme hacia el este solo he visto granitos de diferentes aspectos cuya principal variedad se compone de feldespato blanco, cuarzo y mica negra. El granito se parece al de la costa, y como éste, contiene a menudo anfíbol al mismo tiempo que mica, Sucede a veces que la mica desaparece casi completamente, y la roca pasa entonces a las sienitas de grano fino, semejantes a las rocas de la misma especie de la costa. La misma analogía se vuelve a encontrar en los filones que atraviesan el granito del interior y los de la costa. Se dirigen, en su mayor parte, dé norte a sur. Hay algunos que se agrupan muy cerca los unos de los otros, conservando al mismo tiempo su paralelismo, como he tenido ocasión de observarlo en un cerro granítico situado frente a la hacienda de Monte Grande, y atravesado por una sucesión de filones verdes, de los que doy un corte (Pl. IV fig. 4)

Perfil de Domeyko


A media legua de allí (yendo siempre al este) se ven filones semejantes, en su mayor parte cuarzosos, atravesando los granitos que separan el valle de Cuchiguay del valle del río Monte Grande. Hay filones de estos que contienen partes metalíferas, algunas vetas de silicatos y carbonatos de cobre y trazas de plata nativa, pero el principal metal cuyo yacimiento parece relacionarse a esas masas granitoideas, a que se halla repartido en partículas invisibles en medio de filones cuarzosos, es el oro. Hay una mina de este metal a tres leguas de Paiguano en el fondo del valle del río Claro; otra más arriba, a cinco leguas de Monte Grande. Las minas se hayan abandonadas a causa del poco oro que dan los minerales y de los enormes gastos que demanda su explotación. Se sabe que las otras minas de oro de Chile se hallan en los granitos de la costa.

En fin, en esta gran variedad de filones se distinguen casi todas las variedades de rocas que se vuelven a encontrar en masas y cerros no estratificados, situados entre los granitos del interior y los de la costa: pórfidos verdes, pórfidos anfibólicos, rocas compactas sieníticas que se dividen ya en bolas ya en tablas y romboedros, muchas otras rocas cuyo examen demandaría un largo trabajo, concurren para formar estos filones. Se encuentran en ellos hasta rocas amigdaloides que corresponden con ciertas amigdaloides de los terrenos porfídicos, es lo que se ve en un filón que se halla cerca de Monte Grande (en el cerro que separa el río Cuchiguay del río Monte Grande). El filón, que solo tiene un metro de ancho se compone de dos partes, de las que una consiste en un feldespato rosado compacto, con granos de cuarzo vidrioso, y el otro es negruzco, amigdaloides con núcleos concéntricos, semejante a las amigdaloides que se encuentran cerca de Marquesa más o menos a la mitad de la distancia de aquí a la costa.

Me resta decir que, regresando a Coquimbo por el mismo valle de Elqui, y examinando de nuevo las rocas que se presentan en los escarpes a ambos lados del valle, en la primera angostura que forme éste entre Marquesa"  y el Tambo , creo haber reconocido la presencia del mismo terreno de estratificación cerca de Puclaro. Aquí el terreno no contiene sino rocas compactas esquistoideas que producen una ligera efervescencia con los ácidos y algunos estratos de yeso que se explota para los usos del país en una mina situada a una legua de distancia al norte de Puclaro. Habiendo dejado este terreno cerca de Rivadavia, recubierto por los pórfidos y manteando al oeste, aquí se lo ve reaparecer por debajo de los mismos pórfidos manteando al este. Corta el valle transversalmente en dirección que corresponde a la de los mantos que ya hemos descrito. El valle es muy estrecho, profundo; los estratos que se dibujan en los escarpes de ambos lados corresponden perfectamente bien y por consiguiente el valle debe su origen a una grieta producida transversalmente a la dirección del terreno. Bajando por el valle se ve luego que los mismos mantos toman una posición horizontal, y después vuelve a mantear al oeste, es decir, con una inclinación en sentido contrario a la en que los hemos visto salir al sol cerca de Puclaro. Se ha notado que este terreno, todavía antes de perderse debajo de los pórfidos, presenta dislocaciones notables, fallas y desgarraduras (como se las ve cerca de “Aguay-panguy”) y se halla atravesado por numerosos filones porfídicos. En fin pierde completamente su carácter de estratificación y pasa a los pórfidos; al mismo tiempo los escarpes desaparecen, el valle se ensancha y no se ve ya ningún vestigio de estratificación desde Marquesa hasta el mar en una extensión de terreno de más de nueve leguas (Nota 3). Para conexionar estas últimas consideraciones a las que les han precedido, adjunto un corte teórico del terreno tomado en el sentido del valle de Elqui, desde la costa hasta más allá de Monte Grande (en más de treinta leguas de extensión). Pl. IV fig. 5
[fin pág. 122]

mapa Elqui por Domeyko

Notas:

Nota 1: Para hacer más intelijible la descripción he agregado al fin de la memoria un croquis de la carta del valle de Elqui y de su bifurcación más arriba de Rivadavia. Habiéndose quebrado mis barómetros en este viaje no pude medir la altura en que está este terreno.
 

Nota 2: Leo en un diario chileno, El Araucano, publicado en Santiago, que M. Gay (que visitó el valle de Elqui en 1837) reconoció que los granitos, cayo yacimiento empieza cerca de Rivadavia, continúa hasta el centro de las cordilleras y que al llegar a Tilito cerca ya de la línea de las cumbres encontró ese granito recubierto por un terreno análogo al que acabo de describir. En este terreno encontró a 16.399 pies ingleses de altura entre el pico de Doña Ana y el Portezuelo de Tilito un manto calcáreo, conteniendo plajiostoinos, amonitas, terebrátulas, etc. Se lee también en los Proceed. of Geol. Soc. of London, v. II núm. 42, que Mr. Darwin encontró el mismo terreno a 12.000 p. in. sobre el nivel del mar, en el paso de Puquenas, donde recogió en un roca negra caliza, impresiones de grifeas, ostreas, turritelas, amonitas, terebrátulas. Las dos turbinitas (núm. 33-34) que adjunto a la colección serán probablemente las turritelas de Mr. Darwin y provienen de otra localidad de la costa de Copiapó.

Nota 3: Estoy por creer que es con este segundo grupo de rocas porfídicas y con su paso a las dioritas se debe relacionar el yacimiento de las principales minas de cobre de Chile (minas de la Higuera, de Brillador, de Tambillos, de Tamaya, etc.) al de las minas de oro pertenecientes a las rocas granitoideas.

Procedimiento:
El texto ha sido digitalizado (Scanjet HP G3110), convertido con OCR a ASCII, (ABBYY fine Reader versión 14) y el texto ha sido parcialmente adaptado a la ortografía actual.

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• Domeyko, I.
(1909): Jeología. – Tomo Quinto, edición oficial; Santiago de Chile (Imprenta Cervantes); 534 páginas, 8 láminas. (Colección W. Griem)

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